Fábrica de aceites esenciales en Corrientes
Jueves, Marzo 4, 2010
Un joven matrimonio de ingenieros montó una fábrica de aceites esenciales en Corrientes. En la zona no hay otras destilerías similares y existe un mercado interno y otro en el exterior para ubicar sus productos.Diego Ayala y Silvia Zambón se conocieron estudiando ingeniería química en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) regional Resistencia. Se casaron y decidieron iniciar un emprendimiento productivo para poder vivir juntos, ya que cada uno tenía trabajo en un lugar distinto. Ella, que es oriunda de Resistencia, trabajaba en una curtiembre en el interior de Santa Fe, y él tenía empleo en su Corrientes natal.
En 2006, los dos jóvenes se decidieron a poner en práctica un proyecto que había diseñado un ex compañero de facultad para la extracción de aceites esenciales de especies naturales aromáticas.
“Un aceite esencial es una mezcla de componentes que en general se obtiene de material vegetal. No tiene las propiedades de una oleaginosa, es otro tipo de aceite. Es un componente que se percibe con los sentidos. Por ejemplo, el mentol se obtiene del citronelal mediante una reacción química”, explica Silvia.
La extracción de las esencias se realiza mediante arrastre con vapor, que es el método más difundido y económico ya que permite instalar una destilería en un pequeño espacio. Este fue el método elegido por los jóvenes ingenieros a la hora de montar su fábrica.
Además, los Ayala estaban decididos a cultivar sus propias especies vegetales, aquellas que no se conseguían en la provincia de Corrientes. Entonces, compraron un campo en las afueras de la capital correntina. Diego se encargó de desmalezar el terreno salvaje y comenzaron la construcción de la vivienda a la que se mudarían. El campo no tenía conexión eléctrica, solicitaron la extensión y les fue concedida justo un día después de que los albañiles terminaran la construcción de la casa. Teniendo en cuenta que en la zona llega a hacer 50 grados de temperatura en verano, era imposible instalarse en el lugar sin contar con algún tipo de refrigeración.
Estudio de mercado
Los jóvenes vieron la oportunidad de fabricar desodorante para pisos, luego de la crisis de 2001, cuando se difundió la venta de estos productos fraccionados y al por mayor. Y se iniciaron en la actividad independiente con este producto hecho a base de los aceites esenciales que ellos extraen y que también comercializan como extracto puro en pequeños goteros bajo la marca “Nuestra esencia”, creada por ellos.
“Cuando vas a emprender algo, hay muchas cosas que te gusta hacer, pero es importante ver cuál es la brecha en el mercado. Podés hacer un estudio de mercado, porque siempre hay información”, aclara Silvia.
“Yo empecé a preguntar en las químicas que hacen los productos de limpieza de acá y de Chaco, una por una, a ver dónde compraban los aceites esenciales, a qué precio, qué cantidad. Ese fue nuestro estudio de mercado. También ellos impulsaron nuestro proyecto. Dijeron que les iba a convenir comprar aceites que se produjeran en la zona, porque no tenían que pagar flete. Me podían pagar lo mismo que pagaban en Buenos Aires y en el interior de Misiones”, relata Diego.
Precisamente, un factor que los decidió a iniciar su pequeña empresa fue saber que nadie fabricaba esas esencias en la zona.
“Corrientes no es productora de aceites esenciales. No porque no se pueda. La gente del campo está acostumbrada a hacer arroz o, en otras zonas, tabaco, té, yerba o ganadería. Y eso es todo. Lo que nosotros estamos haciendo es lo no tradicional. Esto no se acostumbra o da miedo hacerlo”, considera Diego.
No obstante, el joven matrimonio considera que la plantación de especies para la extracción de aceites esenciales sería una buena alternativa para cualquier productor correntino porque no requiere mucha extensión de terreno y porque se puede alternar con otros cultivos. De hecho, a los Ayala les convendría que hubiera más plantaciones en la provincia para tener proveedores de materia prima.
Actualmente, algunos de los insumos usados en la destilación, como aserrín de eucaliptus y de palosanto, u hojas de naranjo, los consiguen regalados cuando hay poda.
Pero con las cantidades de materia prima que obtienen donadas sólo pueden hacer pruebas de laboratorio. Cuando deciden a producir alguna de esas esencias a gran escala, deben salir a comprar el insumo.
Esencias propias de la zona.
“Queríamos hacer aceites con productos de nuestra zona. Lo que se vende en otras regiones es lavanda, multifrutal, pero no son propios de acá, nosotros estamos tratando de promover cosas de nuestra zona, como la esencia de citronela, lemon grass, vetiver”, recalca Silvia.
Entonces, viajaron hasta el interior de Misiones para comprar los primeros 3 mil ejemplares de citronela que plantaron en su terreno a modo de prueba y con cierto riesgo ya que el clima y el suelo misionero no son similares al correntino.
“En teoría, teníamos bibliografía que decía que la planta es una gramínea, un pasto, no tiene muchos requerimientos, anda bien en suelos arenosos, con buena circulación de agua, 1.500 milímetros anuales de agua.
Pero todo era teoría, el tema era traer las plantas y ver cómo andaban”, remarca Diego. Y las plantas demostraron ser tan tenaces y resistentes como sus cuidadores. Al primer año de plantadas debieron soportar una sequía de ocho meses y sobrevivieron. “No teníamos pozo de agua en ese momento, así que yo venía con agua en la camioneta, con tres barriles de doscientos litros y con una manguerita chupábamos y regábamos planta por planta, tres mil plantas. El vecino nos regalaba el agua. Cada quince días o cada una semana repetíamos el riego cuando veíamos que las plantas estaban que no daban más”, dice Diego y sonríe al recordar el esfuerzo. “Nosotros pusimos la vida en esto”, asegura Silvia.
Hoy, cuentan con una hectárea y media de esta gramínea, es decir con alrededor de 15 mil plantas ya que de cada ejemplar de citronela se pueden obtener 30 plantas nuevas a partir de sus gajos. La citronela se puede cortar hasta dos veces al año para usar sus hojas en destilación, luego hay que esperar a que vuelva a crecer.
A la intemperie y con máquinas recicladas
Si la plantación de las primeras especies fue dificultosa, no fue menos sencilla la instalación de la maquinaria para la extracción de los aceites.
“Una parte del equipo lo compré en la fábrica donde trabajaba. Nos salió barato porque nos lo vendieron como chatarra por el peso del material. Para traerlo hasta acá tuvimos que pagar un flete que nos salió tres veces más que el costo del equipo, compara Diego.
Algunas máquinas necesitaban ser reparadas o adaptadas porque no estaban diseñadas originalmente para la extracción de aceites esenciales y todo eso tuvo su costo en tiempo, en mano de obra. Los equipos fueron instalados al aire libre sobre un contrapiso que armó Diego, porque el capital inicial no alcanzaba para construir un galpón. Luego, comenzaron la construcción de un tinglado a donde mudar la fábrica.
Obtención de un crédito
Para el inicio del emprendimiento, los Ayala gestionaron un crédito de 15 mil pesos. Varios factores influyeron para que las entidades crediticias confiaran en su proyecto: el hecho de que se trataba de una empresa innovadora; la idea de apuntar a la fabricación de productos de limpieza, cuya venta estaba en alza, y el hecho de que un grupo de empresarios de la zona fabricantes de esos productos de limpieza les firmaron cartas de intención de compra.
“Eso fue muy positivo. Sumó muchos puntos, porque era algo serio, ellos me daban con papel membretado con la firma del gerente de cada empresa en el que decía: `Nosotros consumimos 200 litros de citronela por mes, nos comprometemos a incorporarlos en nuestra lista de proveedores de la esencia`. Cinco empresas de Chaco y Corrientes nos hicieron esa carta de intención. Tampoco era un compromiso formal, no estaban obligados. Pero significaba demostrar que hay un mercado”, explica Diego.
Valor agregado
Con el tiempo, Diego y Silvia se dieron cuenta de que les convenía darle mayor valor agregado a sus productos y diversificar la oferta, por lo que con los mismos aceites fabricaron velas aromáticas, sahumerios, antorchas, repelentes y hasta shampoo para perros. Incluso ellos elaboran artesanalmente los envases de los productos, con cartón corrugado y cintas.
“Lo que tienen los aceites esenciales es que el precio es muy variable. El error es depender de un solo aceite esencial. Baja el precio y `fuiste`. Pero si tenés otras especies, vendés otro aceite. Aparte, otro error es no agregarle valor, vender sólo el aceite, es mejor hacer un producto de limpieza, un perfume y vender eso”, considera Diego. Cuentan como clientes a un supermercado de la localidad correntina de Paso de la Patria y a una casa de regalos del centro de Corrientes.
Los pequeños empresarios tomaron a dos empleados: un muchacho que se ocupa medio día en el mantenimiento de las plantas y un técnico electricista, quien trabaja a jornada completa en la destilación y el mantenimiento de la maquinaria.
Un salto en escala
“El proyecto lo pensamos en una escala, y en la práctica lo hicimos más chico. Por los costos de los equipos en ese momento. Lo habíamos pensado para 20 mil pesos y conseguimos 15 mil. Los equipos que yo conseguía más baratos eran de tamaño más chico que los proyectados. Pero nos convenía. Actualmente da para pagar el sueldo a los empleados y cubrir algunos costos”, admite Diego.
A futuro, la pareja evalúa agrandar la escala de su producción, es decir comprar equipos más grandes y obtener más terreno para las plantaciones, ya sea comprado o arrendado. “Si avanzamos en un nivel hay que avanzar en otro también. Porque con más plantas ahora no podríamos destilar todo. Y con más equipo, me van a faltar plantas”, señala Diego.
Fortalezas y debilidades
Los jóvenes aseguran que una sola vez pensaron en abandonar el proyecto iniciado. Fue en una oportunidad en que Silvia viajó a Buenos Aires a participar en un curso sobre obtención de aceites esenciales que ofrecía el INTI y el docente que lo dictaba desalentó la producción de esos aceites en el país por considerarla inviable económicamente. Diego y Silvia dudaron sobre la viabilidad de su empresa pero decidieron seguir adelante teniendo en cuenta que ya habían vendido una primera producción.
“Hoy en día todo lo que producimos lo vendemos, es simplemente que tenemos que cambiar de escala. Tengo pedidos que no puedo cumplir. Eso es el sueño de cualquier empresa”, sostiene Diego.
“Y si logramos una calidad constante, se puede exportar, eso es nuestro sueño”, cuenta Silvia.
Consideran que la mayor fortaleza de su emprendimiento es el conocimiento técnico que ambos poseen para aplicar a su trabajo, unido a “las ganas de hacer y de aprender más sobre el tema”.
Y entre las posibles debilidades del proyecto, Silvia menciona: “Por ahí somos medio volados, no hacemos un análisis previo como nos enseñaron a hacer”. “Hay cosas que van surgiendo por necesidad o por algo que vemos, cosas que no las planificamos o que no hacemos un desarrollo del producto”, coincide Diego.
Los Ayala reconocen que se tuvieron que “adaptar a vivir con la fábrica” porque en su casa es “prácticamente imposible no hablar de trabajo”.
“Tuvimos que aprender eso: los problemas de la fábrica terminan donde empieza la casa. Todo son adaptaciones. Hay que encontrar el equilibrio, no es dejar de pensar en el trabajo, pero compartir otras cosas que vayan haciendo crecer la pareja. Porque podés tener una fábrica espectacular pero ¿Cuál es el costo? Está muy relacionado, en nuestro caso”, evalúa Silvia.
“Diego es el que tiene el empuje, es el que se pone y hace. El no se queda, él nunca está desanimado Yo soy más crítica, por ahí lo critico a él porque es demasiado volador. Yo estoy más sobre la tierra, pero él es el que lleva adelante. Yo por ahí lo freno. Si es por él, tendríamos que vivir en un rancho y las máquinas serían super gigantes. Pero está bueno porque entre los dos hacemos un buen equipo de trabajo”, destaca Silvia.
“Es más fácil agarrar un diario clasificado y buscar trabajo que poner un emprendimiento”, reconocen, pero aseguran que no darían marcha atrás con el proyecto ya que la pequeña empresa les da satisfacciones y “reconocimiento”.
Fuente: Jóvenes Emprendedores Rurales
6 respuestas a “Fábrica de aceites esenciales en Corrientes”
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Felicitaciones al matrimonio de Silvia y Diego. Son un ejemplo para todos, especialmente para os que vvivmos en Latinoamérica.
Desearía poder contactarme con ellos en busca de asesoramiento.
Saludos.
Hola Carlos, gracias por contactarnos.
Lamentablemente, no tenemos los datos de Silvia y Diego. Quizás puedas obtenerlos de la fuente de la nota: http://www.jovenrural.com.ar/
Te mandamos un saludo
Hola Emprendedor XXI
Somo Silvia y Diego de Nuestra Esencia, les agradecemos la nota sobre nuestro microemprendimiento que nos llena de orgullo y satisfacción.
Nos emocionó hasta las lágrimas, ya que repasamos muchos momentos vividos.
Por cualquier contacto les dejamos el web site: http://www.nuestraesencia.com.ar, donde encontrarán un correo de contacto.
De nuevo muchas gracias. Saludos cordiales.
Silvia y Diego
Hola Silvia y Diego: muchas gracias por su mensaje y los datos de contacto. Esperamos que a los lectores les sean de utilidad. Saludos y muchos éxitos!!
Muy interesante su emprendimiento.
Me interesa el tema de los aceites esenciales. Queria consultar sobre su viabilidad economica, y si se compensa o no con los rendimientos obtenidos, ya que creo son bajos.
Estimada Alejandra, sería bueno que pudas conectarte con la empresa para que ellos puedan brindarte la información específica acerca de su viabilidad economica. Si contamos con el contacto, te lo pasaremos de inmediato. Gracias por tu comentario