Emprendedorismo y Desarrollo Local
Miércoles, Diciembre 2, 2009
En Brasil me sorprende que un tema como el emprendedorismo sea poco conocido, parece algo que brotó de repente, un modismo que como otras novedades surgió de golpe. Pero no es así. Existen motivos por los cuales no se hablaba del asunto: el principal es que los economistas clásicos no consideran al emprendedorismo como algo central de la actividad económica. Para ellos, un emprendedor no tiene demasiada relevancia.Hace unas décadas, se vio que sin emprendedor no existe crecimiento económico, no hay distribución de rentas, no hay justicia social y aquí está el punto central: el emprendedorismo en Brasil debe hacer foco en el combate de la miseria. Creo que no se puede elegir otra finalidad para el emprendedorismo en los países de América Latina que no sea esa. Si fuese en países como Inglaterra o Suiza no tiene sentido hablar de esto, pero aquí nuestra prioridad tiene que ser encarar el emprendedorismo como un elemento de combate a la miseria.
Al principio puede parecer algo que es dicho por una persona del tercer mundo (en este caso, yo) pero ese concepto del emprendedorismo como instrumento de justicia social, está impregnado en todo el mundo desarrollado. Las economías son motorizadas por el emprendedor, no existe la posibilidad de desarrollo económico sin un actor como el emprendedor. La infraestructura no es suficiente y un emprendedor es tan importante como cualquier propuesta económica.
El término Justicia Social era la bandera de la izquierda en los años 60 y el enemigo de todos los movimientos de América Latina era la empresa, yo estaba en contra de ellas. Hoy, continúo con la misma bandera y estoy bregando por la empresa, lógicamente que no se trata de cualquier empresa, no hablamos de una que sustrae valor de la sociedad. Cuando hablo de emprendedorismo hablo principalmente de la ética ¿Y cuál es la ética de una empresa? ¿Cuál es la ética que debemos defender? Solamente será considerado un emprendedor aquel que ofrece valor positivo para la sociedad, que ofrece cosas buenas y que no sustrae cosas de esa sociedad.
Es muy fácil saber si una empresa es de bien o mal, solamente basta preguntar ¿esa empresa ofrece cosas buenas para nosotros? Por ejemplo: Una empresa que fabrica armas es una empresa que quita vidas, éticamente es una empresa del mal ¿Qué cosas puede ofrecer una fábrica de cigarrillos que no sea un valor negativo?
Podemos mencionar otro ejemplo claro en la ciudad de Cancún, en México. Un balneario, después de una gran inversión del Banco Mundial, pasó a ser un Resort. El mismo banco dijo “nunca más invierto dinero como este en Cancún”. ¿Por qué? Porque es un emprendimiento del mal ¿Y porqué es así si trae divisas a México, trae turistas de todo el mundo? Porque las personas de esa zona no fueron beneficiadas: si se necesitaba un mozo, un médico o un cocinero, eran traídos de otros lugares, todos los empleos de ciertas cualidades fueron ocupados por personas de otras latitudes y la localidad no se enriqueció. Las personas que habitaban la región resultaron más empobrecidas.
El nordeste brasilero está plagado de “Cancúns”: Bahía, Pernambuco y toda la costa de Brasil está repleta de inversiones que no traen beneficios para las personas locales. Esta es una lección que aprendemos, si un emprendimiento viene a instalarse a la ciudad de Santa Fe por ejemplo, sus resultados deben reflejarse en una mejor calidad de vida de la población. Ésa es la ética del emprendedorismo: si trae cosas buenas nos interesa.
¿Cómo se hace eso? A través del fortalecimiento de las comunidades locales. Si viene un emprendimiento de afuera queriendo instalar un hotel, que venga. Nosotros queremos dinero de afuera pero vamos a hacer un negocio aquí: mitad y mitad. Tenemos el sol y la arena, un mar cálido y mucha belleza y ustedes vienen con la plata ¿Porqué no negociar mitad y mitad?
En Brasil no hacemos eso, lo que sucede es que grandes grupos compran un espacio sobre la playa y los pobres son expulsados, el turista no quiere ver pobres, no le gusta la gente sin dientes, sin ropa y que además no habla inglés o alemán. Esas inversiones no son buenas. Lo que se propone son políticas para el mundo, y una de esas políticas consiste en crear una educación temprana a favor del emprendedorismo, desarrollar un programa de estudios empresarial para jóvenes y adultos, promover la educación empresaria para toda la vida. Es necesaria la educación emprendedora desde la niñez, debemos educar a los chicos a ser emprendedores. Eso no significa que le vamos a decir a los niños que abran una empresa, esa no es la propuesta. Ser emprendedor es mucho más que abrir una empresa, que es una de las infinitas formas que existen de emprender. Un funcionario público debe ser emprendedor, un profesor o investigador normalmente es un emprendedor, un empleado de una empresa debe ser emprendedor, un poeta… todos nosotros tenemos que ser emprendedores, cada uno en el área que quiera escoger.
Nosotros podemos decirles a nuestros jóvenes: sean emprendedores, porque ser emprendedor es la mayor aventura del ser humano. No existe nada como el emprendedorismo, porque éste significa concebir un futuro y transformarlo. Eso es el emprendedorismo, ver y crear un futuro, transformarlo.
La escuela primaria, la secundaria y la universidad no hablan de eso, nosotros formamos personas no para transformar el mundo, sino para cooperar con los sistemas. Generalmente, sistemas creados en el hemisferio norte. Así fue hecha la industrialización de Brasil, durante el siglo XX todos nuestros cerebros, doctores y jóvenes altamente calificados, fueron usados para “apretar tornillos”. Transformamos a nuestra elite científica/académica en apretadores de tornillos. Ahora el mensaje es otro: transformar a esas elites en innovadores, en personas capaces de crear lo que Brasil o Argentina precisan: crear valor, transformar conocimiento en riqueza, conocimiento que es generado en las universidades de Brasil, Argentina, Chile, que no es poco porque tenemos universidades excelentes. Lo que no tenemos es el ámbito para transformar ese conocimiento en riqueza para el pueblo.
Una investigación de la ONU dice que todo pequeño emprendedor es tan importante como una multinacional. En realidad, el hecho de colocar una multinacional aquí es menos importante que la apertura de una pequeña y mediana empresa. Esto quiere decir que los países que se desarrollan, estimulan el emprendedorismo en la base de la población y, si los ciudadanos son emprendedores, habrá sustentabilidad. La entrada de una multinacional no está bajo nuestro control, si bien no estoy en contra, que ellas vengan, que coloquen dinero en Argentina o Brasil, pero nosotros tenemos que estimular la creación de empresas en la base de la población.
El emprendedorismo también es cosa de los pobres. Yo he tenido la oportunidad de trabajar con pobres, logrando experiencias fabulosas en la escuela pública, que en Brasil son las escuelas para los pobres. La clase media y alta van a escuelas privadas. Trabajo con adolescentes y jóvenes en situación de miseria, de extrema pobreza, riesgo y opresión: la respuesta de esos chicos es fantástica. Cuando nosotros hacemos esto, le devolvemos a los jóvenes la autoestima que la autocracia les quitó, porque ésta funciona como un exterminador de autoestima en donde el pobre pasa a ser, además de pobre, una persona inútil, incapaz. Eso no es verdad, existen ejemplos en mi experiencia y ejemplos mundiales que nos dicen que la inversión en la capacidad emprendedora de jóvenes en situación de riesgo, da resultados muy buenos.
En Brasil fue creado un programa para emprendedores de emergencia que se llama PRIME, que es un programa de Primera Empresa Innovadora y consiste en una inversión de seiscientos millones de dólares que pretende estimular el nacimiento de 5 mil empresas innovadoras durante 3 años. Yo soy coordinador de la concepción y la inteligencia de ese programa que se llevará a cabo desde 2009 a 2011. Este año (2009) ya comenzamos con 2 mil empresas. Ese programa espera cerrar un marco en la historia de la innovación de Brasil, un divisor de aguas, porque como país no tenemos historia de innovación, no se desarrolla, salvo raras y brillantes excepciones. Podemos decir con orgullo que algunos sectores y algunas empresas de Brasil se encuentran entre las más innovadoras del mundo. Pero tenemos un nido de innovación que se encuentra muy por debajo de los países desarrollados. Por ejemplo, nuestro número de magísteres y doctores ha aumentado, pero el índice de registro de patentes cae, o sea que nosotros producimos 10 mil tesis de doctorados y 40 mil de magistrados por año en Brasil, es mucho, sobre todo comparado con 30 años atrás. Pero no generamos innovación, todo ese conocimiento no es transformado en patentes, éstas aparecen como un elemento indicador de un nido de innovación. Nosotros no registramos patentes.
Este es un indicador muy fuerte de que no sabemos innovar. Tenemos conocimiento, tenemos cabezas y cerebros pero no sabemos abrir empresas. Queremos innovar, deseamos que la sociedad brasilera se preocupe por innovar, que las escuelas lo hagan, que preparen a sus alumnos desde pequeños para innovar. Es también una cuestión de cultura, yo innovo porque tengo instaurada la cultura de la innovación, es un valor para mí y es lo que mueve la economía mundial. Hoy el criterio de desarrollo de las capacidades productivas es medido, no por la ocupación de mercados ni por el crecimiento, sino por la capacidad de innovar. Empresas vigorosas son empresas que innovan, lo mismo ocurre con las sociedades porque la innovación no está solamente en el producto, son sociedades que asumen sus propios riesgos y construyen a partir de eso, los procesos innovativos puede ser tanto sociales como de gestión.
Autor: Fernando Dolabella
(* Conferencia “Emprendedorismo y desarrollo local”, organizada por la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación, de Santa Fe)












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