Empresas de base tecnológica: hacia un modelo de alto impacto
Martes, Diciembre 29, 2009
La denominación de “empresas de base tecnológica” es un término que se refiere al tipo de empresas que se ha venido desarrollando en la transición hacia un nuevo ciclo en el ámbito de la economía mundial. Son empresas inscriptas en el nuevo modelo o paradigma tecno-económico.
Nuevas empresas que aprovechan la microelectrónica barata y la informática como factor clave para desarrollar sus mercados. Nuevas empresas que se basan en el dominio intensivo del conocimiento científico y técnico para mantener su competitividad.
Este fenómeno se expresa, incluso, en una forma física de aglomeración de estas nuevas empresas, en lo que hoy se conoce como parques tecnológicos e incubadoras de empresas, o para decirlo en otras palabras las ciudades de la ciencia o tecnópolis.
Desde hace ya algunas décadas la figura es conocida en los países desarrollados. El Silicon Valley, en California, o la Ruta 128 en Boston, ambas en los EE.UU., son antecedentes importantes de la expresión de estas nuevas minas y fundiciones de la economía de la información.
Lo que en un inicio ha sido una manifestación espontánea de un nuevo tipo de industrialización, desde la última década se ha convertido en la nueva modalidad de intervención del Estado en la economía. A tal punto que para Japón, por ejemplo, el único asunto considerado de Estado para los primeros años del presente siglo es el relativo a la innovación científica y tecnológica.
Características de las Empresas de Base Tecnológica
Los atributos a tener en cuenta a la hora de caracterizar a una empresa como “de base tecnológica” difieren considerablemente según los criterios con los que es analizada. Según el Dr. Alberto E. Cassano (CONICET Santa Fé) una empresa de base tecnológica debe reunir los siguientes requisitos esenciales:
§ Que su actividad requiera el uso intensivo del conocimiento y todas las formas modernamente reconocidas de las tecnologías.
§ Que su actividad debe basarse en innovaciones de productos, o procesos, o servicios, o diseños, o sistemas de mercadeo, o métodos organizacionales para prácticas productivas o comerciales.
§ Que su actividad debe tener un discernible valor agregado económico, o tratarse de un emprendimiento de reconocido interés social (que también puede ser cuantificado económicamente)
§ Que entre sus objetivos tenga la mejora continua de sus productos, o procesos, o servicios, o diseños, o sistemas de mercadeo, o métodos organizacionales.
§ Que entre sus objetivos tenga la permanente incorporación de nuevas innovaciones de tecnologías duras o blandas, de alto atractivo económico o social.
§ Que por las características de la innovación a implementar, posea la capacidad de generar mayor competitividad en el mercado.
Un segundo conjunto importante de características incluyen: Que la innovación que se analiza debe representar un progreso en relación al conocimiento previo preexistente sobre la materia, y que algunas de las tecnologías a implementar pueden no estar totalmente desarrolladas en el momento de la constitución de la empresa, pero que no pueden ser las únicas.
Experiencias en la Región
Desde la década del ‘80’, en Latinoamérica han prosperado, en mayor o menor grado, algunas iniciativas para desarrollar conglomerados de empresas de alta tecnología.
En Brasil, el nacimiento de nuevas tecnologías ha estado ligado a la participación decisiva del gobierno, a través del financiamiento de proyectos movilizadores (relacionados con áreas consideradas estratégicas). Han sido proyectos descentralizados respaldados por todos los estamentos del gobierno brasilero.
Tanto en los polos con estructura organizacional informal (São Jose dos Campos y Santa Rita do Sipacaí, por ejemplo), como en los que poseen una entidad coordinadora formalmente constituida (Curitiba, Campina Grande, Florianopolis y São Carlos, para citar algunos casos), las nuevas tecnologías han estado siempre presentes.
Los sectores abarcados han sido: aerospacial, bélico, nuevos materiales, electrónica, informática, telecomunicaciones, química fina, automatización industrial, mecánica de precisión, óptica e instrumentación.
Chile ha pasado en pocos años de una economía protegida y dependiente del Estado, a una economía abierta a la competencia internacional y donde el Estado se reserva un rol subsidiario en las actividades económicas y un rol solidario con los sectores más pobres de la población.
El emprendimiento tecnológico chileno tuvo su origen vía ‘tiraje del mercado’. Esto es la demanda por requerimientos tecnológicos que surgen de la dinámica empresarial. Este proceso se inició en 1984, cuando la opción de abrir la economía y exportar se hizo definitiva. En el mercado internacional los empresarios chilenos han aprendido a competir no sólo con los productos tradicionales, sino fundamentalmente con productos y servicios nuevos para el país.
Por otra parte, las instituciones de ciencia y tecnología que han sido utilizadas por el sector privado han generado muy poca respuesta, y no han considerado apropiadamente los requerimientos de esta industria. El gobierno de Chile, como respuesta a esta situación, ha creado en los últimos años, mecanismos para fomentar el vínculo e interacción entre oferentes y demandantes de I & D, y articular, coordinar y financiar emprendimientos tecnológicos que produzcan innovaciones útiles para las empresas.
Diversas universidades chilenas han elaborado proyectos en relación a los temas de incubadoras de empresas y a parques tecnológicos. La Universidad de Chile y la Universidad de Santiago tienen proyectos en estudio. Las universidades porteñas (Universidad de Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, Universidad Técnica Federico de Santa María) llevan a cabo negociaciones con la idea de implementar conjuntamente un parque tecnológico.
Por su parte, en México la colaboración entre instituciones de I & D y empresas se encuentra en un etapa intermedia. Se están acumulando experiencias sobre educación continua, prestación de servicios y en mucho menor grado, licenciamiento y realización de proyectos bajo contratos.
El Centro para la Innovación Tecnológica (CIT), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), creado en 1983, es la iniciativa más completa de interacción universitaria con el sector productivo de México. Entre sus actividades fundamentales se destacan aquellas referidas a: creación de la red de núcleos de innovación tecnológica y a la promoción de nuevas estructuras para la vinculación.
El CIT promovió un proyecto de descentralización de las actividades de apoyo a la transferencia de tecnología, el cual consistió en crear una serie de pequeñas oficinas que comenzaron a operar directamente en dependencias universitarias con actividades de investigación tecnológica muy intensas.
Así, fueron creados en ese mismo año, los núcleos de innovación tecnológica de las facultades de Medicina y Química, y de los institutos de investigaciones biomédicas e investigaciones de materiales. Con posterioridad se incorporaron a la red el Instituto de Biotecnología, la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Zaragoza y la Unidad Académica de Diseño Industrial.
La experiencia de Venezuela en esta materia tiene dos aspectos importantes que destacar. En primer lugar, se encuentran las iniciativas de modalidades empresariales y de vinculación con el entorno promovidas desde las universidades. Y, en segundo lugar, las decisiones y acciones del gobierno central en la promoción de conglomerados de empresas de base tecnológica, a través de la figura de parques tecnológicos.
En lo que se refiere a las experiencias de creación de empresas de base tecnológica desde las universidades, esta data de principios de los años ochenta. La Universidad Central de Venezuela (UCV) fue pionera en este aspecto. En 1984 se fundó la primera empresa de esta naturaleza en este país: Tecnidec, promovida por la Fundación UCV y la propia UCV.
En la actualidad, la UCV posee una docena de empresas de esta naturaleza y han aparecido otras modalidades empresariales con participación de los investigadores en la estructura accionaria.
En Argentina
En nuestro país ya existe un puente de integración entre el mundo científico y el empresario para generar proyectos de base tecnológica. Para la sociedad se hace fundamental apoyar el espíritu emprendedor desde los diferentes ámbitos, ya que estos proyectos, sobre todo los de alto impacto, son el mejor modelo que se ha inventado para generar crecimiento y prosperidad.
No sólo se ha incrementado la vocación por desarrollar nuevos mecanismos para el capital de innovación, sino que en los últimos años se han atraído fondos privados, superando los subsidios gubernamentales dedicados a asistir a las PyMEs.
Muy gradualmente, algunos de estos fondos proceden de las propias grandes empresas que, al mismo tiempo que han reducido su esfuerzo interno, han tercerizado parte de sus actividades de investigación y desarrollo, y han creado fondos propios de capital para la innovación, con los que han promovido el nacimiento de nuevas empresas de base tecnológica.
El Programa RAICES del Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT), propone anualmente concursos destinados a financiar proyectos para la vinculación internacional en empresas de base tecnológica en las áreas de Nanotecnología, Biotecnología y TICs.
Por otro lado existen varias incubadoras de empresas. Estas iniciativas en nuestro país están ligadas o bien a la universidad, a algún proyecto concreto de innovación, a fundaciones, o a organismos sin fines de lucro. Entre ellas se destacan:
§ Baitec (Programa Buenos Aires de Innovación Tecnológica)
Una de las actividades que se enmarcan dentro de este programa es la Incubadora de Empresas de Base Técnológica del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Incuba empresas física y virtualmente. Entre los servicios que brinda a las incubadas son: box de incubación, asesoramiento técnico y económico, vinculación con el Sistema Metropolitano de Ciencia y Tecnología y sala de capacitación.
§ Incubacen (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires)
Ofrece apoyo a emprendedores que tengan ideas innovadoras y potencialmente rentables, que apliquen nuevas tecnologías pero que no cuentan con los medios para llevar adelante el negocio. Las empresas que ingresan en el proceso de incubación se benefician de servicios profesionales, espacio físico, red de vínculos, etc.
§ Incubadora del Centro Metropolitano de Diseño.
§ Incubadora de Empresas de la Universidad Nacional de La Plata.
Su propósito pasa por contribuir a la creación y el desarrollo de empresas innovadoras con la previa formación empresarial. Intentan alentar el espíritu emprendedor en la Universidad.
§ Intecnor.
Está impulsada por la Facultad Regional Resistencia, el Gobierno de la Provincia de Chaco y la Unión Industrial de Chaco. Su objetivo es la creación de empresas innovadoras con alto valor añadido orientadas a insertarse en mercados competitivos.
§ Incubadora de empresas emprendedoras de la Universidad de Luján.
La Universidad Nacional de Luján cuenta desde 1995 con un programa para la generación de empresas innovadoras: el Programa Emprendedor, cuyo objetivo es contribuir al proceso de transferencia del conocimiento científico y tecnológico hacia el sector productivo.
Fuente:
Luis Martínez – Empresas con base tecnológica – Gestiopolis
Dr. Alberto E. Cassano – Las empresas de base tecnológica – CONICET Santa Fé
Incubadoras de empresas de base tecnológica en Argentina – Universia
Empresas de base tecnológica ganaron NAVES – Prensa y Comunicación Universidad Austral
Fuente: Portal Pymes al Día Digital











