Capacidad Emprendedora
Miércoles, Septiembre 2, 2009
Una de las tres condiciones básicas de previabilidad de un proyecto empresarial consiste en el análisis de la capacidad emprendedora del promotor o grupo emprendedor. Aunque no existe un perfil ideal del emprendedor, sí se puede identificar algunas actitudes y aptitudes que favorecen al emprendedor.
Las aptitudes se refieren a las habilidades y conocimientos en los que se apoya el buen emprendedor, mientras que las actitudes apuntan las maneras o comportamientos del futuro empresario.
Éstas son algunas características que denotan capacidad emprendedora:
• Creatividad
• Capacidad organizativa
• Capacidad de dirigir y motivar al personal
• Capacidad de trabajo
• Planificación
• Resistencia a la frustración
• Capacidad de asumir riesgos
• Disponibilidad de tiempo
• Capacidad de observación y análisis
• Adaptación al cambio
• Capacidad de establecer relaciones interpersonales en el entorno de la empresa
• Capacidad de inspirar confianza a socios, colaboradores, clientes, proveedores, empleados, bancos.
• Confianza en sí mismo e ilusión por el proyecto
• Saber elegir a los colaboradores y formar un verdadero equipo
• Capacidad para tomar decisiones
• Iniciativa y espíritu innovador
• Capacidad para organizar y coordinar medios económicos, humanos y materiales
• Visión estratégica.
Además, la capacidad técnica y financiera y el conocimiento del sector en el que se va a realizar la actividad van a resultar imprescindibles para el éxito del proyecto. La formación y los apoyos familiares también son importantes. El emprendedor no tiene porqué ser un especialista en los diferentes campos que afectan a la vida de la empresa, pero sí debe tener un conocimiento global de los mismos y saber rodearse de un buen equipo de colaboradores.
Las aptitudes se refieren a las habilidades y conocimientos en los que se apoya el buen emprendedor, mientras que las actitudes apuntan las maneras o comportamientos del futuro empresario.
Si nos referimos a un grupo promotor sería conveniente realizar la autoevaluación de manera individual y también conjunta, ya que el grupo funciona de manera diferente a cómo lo hace la suma de los diferentes individuos. Cuando nuestro proyecto es colectivo, resulta más fácil que los perfiles se complementen y las capacidades de las que carezca uno de ellos se encuentren en otros.

